Un espacio donde sentir el poder de la palabra escrita.
¡ BIENVENID@S !
¡BIENVENID@S! a mi Blog personal.
Desde aquí, espero transmitiros, todas la emociones, sentimientos, alegrías, penas y satisfacciones, que mi pluma sea capaz de plasmar sobre el folio.
Espero que os guste y al menos durante los minutos de lectura de éste, vuestras emociones, sensaciones, sean como mínimo, gratificantes y enriquecedoras.
Cayendo va la tarde. Torrida tarde que va apagando, los ya débiles rayos del Sol, dando paso a la Luna que acaba de despertar. Y en los quicios de las puertas, surgen sillas, butacas, banquetas... Que depositadas sobre el ardiente asfalto y las aceras, salen a convivir a la fresca... Fotogramas de vidas de unos y otros que se observan al pasar éstos. Lugareñas que, con el ganchillo entre los dedos, tejen paños finos, jerséis , con amor diseñados, y entre punto va y punto viene, la calma del día al fresco, apaga el transitar diario hasta el día siguiente, que de nuevo, ponga en marcha la vida en un Pueblo. Y con la calma de ese día pasado, dando las ¡¡ Buenas noches!!! como antaño a la puerta de hogar, con los dedos ocupados, con el Sol dormitando entre sabanas de nubes blancas, y alumbrada la calle por una Luna que entre las Estrellas quietas, mudas y caprichosas su brillo lanzan, se sigue viviendo, se sigue caminando hacia el mañana, entre vientos de tranquilidad y sosiego, carente aún en todas las Ciudades, por desgracia, a causa de las prisas por vivir, envueltos en progreso que asfixia, cuando la meta es ganarle al reloj la batalla, consumiendo horas y minutos, detrás de la ansiada calma, que vestida de dinero, duerme sobre ella, con el deseo de trabajar para vivir, sin vivir perdiendo el alma. Son los vientos del Pueblo. De ese pueblo que yo buscaba; para plantar sobre sus tierras, en el campo de una casa, aún por despertar de su belleza; que en el baúl del tiempo guarda, envuelto en papel color esperanza, las semillas de la tranquilidad; de los paseos en calma; de la calidad de vida que el progreso a la Ciudad roba, cuando el verano con su sofocante suspiro, sobre la tierra su aliento derrama.
Hace apenas unos días que nos hemos visto y ya te echo de menos. Me pides que, escriba algo para ti. Pues bien, aquí lo tienes. Desde la distancia, que une la tranquilidad de un Mar, en calma, con la vorágine de la gran Ciudad, cuna de la Capital de la Cultura. ¡Es mi regalo! Te lo mereces…Por eso, lo hago públicamente.
Te imagino en tu mesa, con los folios, el bolígrafo, tu libro de Control de Personal, tu móvil del trabajo, un cafelito…
Se que te gustan más las cartas manuscritas, así que, a pesar de que últimamente no lo hago demasiado a menudo, ya que incluso sin quererlo, a veces nos introducimos en esa cadena febril del consumismo y con lo que más escribo las cartas es con el ordenador, me he permitido el placer de plasmarte sobre el papel y no la pantalla de cristal, fría e impersonal, unas palabras, las cuales en tu honor, he dibujado con una pluma y tinta, que saco sólo en ocasiones especiales, a pesar de que la plumilla está un poco despuntada.
Te recuerdo como siempre. Independientemente de físico perecedero que muestra la imagen momentánea y circunstancial del ser; se adivina en tus ojos, tus perfiles interiores, el derroche de sensibilidad que puebla tus sentimientos y esa concienciación humana que te permite fundirte con las necesidades y problemas de los demás, permitiendo que todo lo ajeno se convierta en tu pensamiento en algo cercano, intimo e importante.
Son imperecederas tus ansias de ahondar cada día en tu yo susurrante, que te anima a no perder esa humanidad e individualidad personal y aceptada; como ser consciente de sus limitaciones y sus fuerzas, sin perder nunca el tesoro de aceptar la trayectoria de tu vida, siendo tal y como eres y deseas ser, independientemente de todos los roles sociales que nos quieren imponer a la cadena humana,
Tu voz, desprende sosiego cuando me aconsejas como amiga; cobijan tus palabras a la ternura y como un sortilegio, serenamente, me aportas la devastadora fuerza positiva que arrasa y levanta en vuelo los miedos, las tristezas, la melancolía de los momentos tristes.
¡No te bajes del mundo, nunca mi querida Mª Carmen! A pesar de que éste parezca desplomarse, minado por la individualidad materialista. Necesitamos personas que como tú, sigan sumergiéndose en la imperecedera fuerza de la creencia en los valores humanos, a pesar de que el trayecto por esta vida en ocasiones, pueda resultar encrespado y espinoso. ¡No te bajes nunca de mi mundo!
Deja que el recuerdo aromático de los buenos momentos que pasamos y seguiremos pasando, alimente tus ansias y las mías de seguir adelante, de estar siempre ahí, la una para la otra y con mi pluma, cómplice con tu amistad y un folio, vuele sobre éste y siga siendo el constante trovador popular que cante a los sentimientos en la plaza de la vida, anunciando los valores de la amistad, tu amistad.
Sigue enseñándome, con ésta, como trazando los perfiles de tu personalidad, viendo más allá de lo inmediato, me aportas esa formidable luz de la sabiduría interior, que alumbra tus pasos.
Gracias a tus palabras, sinceras, cuantas veces, pasaron al olvido, aquellos que con sorna, se pierdan en la sórdida riqueza de lo superficial, sordomudos a todo aquello que no sea tangible y cuerdo; que se duermen en la ignorancia, ante la plenitud de la grandiosa paz del compartir la esencia humana.
Mi querida amiga: ¡No cambies! Sueña cuando sea necesario y despierta a la belleza de los sentidos en cada momento y no dejes que el dolor del mundo, gangrene la herida que pueda provocar en ti la soledad, en el corazón, cuando no te comprendan o las injusticias te rocen. Bombea con fuerzas, aunque el sudor del esfuerzo cubra tu frente; que el latido de éste, cicatrice cada día las fibras que lo envuelve y recorra tus venas el precioso líquido de la alegría, poniendo sobre el horizonte de tus labios una sonrisa. Esa que tan amorosamente, me has regalado durante estos años, junto a tu amor.
Cuando Paloma colgó el teléfono, no pudo evitar sentirse triste por su amiga Marisa.
Últimamente, demasiado frecuentemente, sus conversaciones, rondaban en torno a los desacuerdos que tenía ésta con sus hijos, en todo lo relacionado con la educación de éstos. Sobre todo ahora que Alberto, se negaba a continuar sus estudios, queriendo dejar estos, para dedicarse a, contrariamente a lo que querían sus padres; el mundo del motor. Le apasionaban los coches. Y lo que realmente quería estudiar, era, cómo arreglar estos. Su ambición era, tener un día su propio Taller de reparaciones, y con el tiempo, convertirse a nivel nacional, en un experto especialista, en modelos de antiguos de colección.
Ésta, tenía a menudo, demasiados encontronazos con él. Alberto, no estaba dispuesto a seguir estudiando la carrera Universitaria de Periodista que, había empezado hacía dos años. Desde pequeño Alberto, había dado muestras de ser muy inteligente y sobradamente capaz de llegar a ser un gran comunicador, con extensas cualidades para expresarse mediante la escritura. Era observador, elocuente en sus razonamientos y un gran orador. A pesar de su juventud, solía ser muy equitativo en sus reflexiones, ante cualquier hecho social. Por esta razón, ella siempre pensó que, Alberto sería un gran Periodista. Y de ahí su enfado con éste.
Marisa, por falta de medios económicos, no pudo llegar a acceder a dicha formación nunca y en su afán de que a sus hijos no les pasara lo que a ella; había invertido gran parte de su vida, en procurar que todos ellos, tuvieran la oportunidad de estudiar una carrera Universitaria.
En el fondo ella sabía que Marisa, quería que sus hijos, tuvieran todo lo que ella no pudo tener o ser.
¡Los hijos! ¡Sus hijos! La grandiosidad de la expresión ya de por si, la hacía sentirse emocionada. Máxime, en ese momento, en el cual, era conocedora de cómo su amiga, sufría por este tema. ¡El futuro de su hijo!
A ella, en concreto, le gustaba pensar a menudo, si la educación que intentaba dar a sus propios hijos, era la acertada; si sus ansias de que consiguieran aquello que ella deseaba, era la apropiada para ellos y sobre todo si del mismo modo que ella, cuando tenía sus edades, y ansiaba que sus propios deseos y aspiraciones, fueran tenidos en cuenta, lo respetaba en sus hijos.
A veces, se planteaba si, era en ocasiones, en el fondo, sus deseos, no era un fraude sentimental, inconsciente, cuando se trataba de ayudarles a orientar sus vidas.
Según iba aprendiendo a lo largo de su vida; tras muchas conversaciones con sus amigas sobre el tema, como, con las más sutiles formas de presión psicológica, caminaban a veces los deseos de los padres, canalizados a través de los hijos, escudados con emblemas de aspiraciones en honor de estos, negando la evidencia de lo más evidente; el afán de conseguir y luchar, basando la lucha en el bienestar de estos, por lejanos sueños que quedaron frustrados en el propio camino personal.
La dificultad personal y atrevidamente sincera, realmente estaba en, sin caretas de maternalismos ni paternalismos, llegar a ser conscientes de la manipulación involuntaria de sus vidas a favor de las propias, en múltiples ocasiones de esa manera inconsciente.
Realmente, resultaba una ardua tarea, educar sin equivocaciones, ya que no eran Dioses, para saber en todo momento, si era licito o no volcar en ellos todos sus proyectos de vida, haciéndoles participes y responsables de estos, de una manera involuntariamente obligatoria, bajo la excusa del único futuro que ella veían como válidos para su caminar, ya que nadie le puso el día en que sus ojos se abrieron a la luz, un manual que les indicara cómo y cuándo el fin primordial , las prioridades en sus vidas son aquellas que uno mismo ve como factibles o lo que ellos, llegados a esa edad en que empiezan a tener sus propios criterios, asumen como válido e importante.
Como todos los padres, tendía por lo general, a olvidar a menudo que un día ya lejano, también ella tuvo 16, 17, 18, años y luchaba por ser oída, respetada y valorada, como ser independientes; fuera ya del seno materno-peterno, a nivel pensamiento y deseosas de cometer sus propios errores, aún envueltas en mares de dudas y con la dudosa certeza ajena de la equivocación, pero dispuesta a luchar por aprender de los errores personales y no de los de sus amados padres.
En ocasiones, los padres, no evolucionábamos simultáneamente al paso de los años y la vida, hacía una educación en libertad personal, de una manera vital hacía las necesidades de nuestros hijos, sino que desaprobamos una provocadora y entramada acción de incomprensión intolerante y desfasada contra sus realidades y las suyas.
Paloma sabía que, sólo en virtud de el propio conocimiento de si mismas a nivel interior, podría percibir de forma concreta y sincera, cuando en la continuidad diaria de la educación de sus hijos, la búsqueda de el bien social y personal de estos, no entraba en conflicto con sus propios deseos y fracasos personales; edificando sus propias vidas sobre una base de realidades equivocadas o erróneas, por no ser estas sus metas, sino las suyas propias.
Indudablemente, sabia que, todos los padres, creian tener un creciente sentido común, según adquieren experiencias a lo largo de la vida, para educar a sus hijos; sin embargo, también sabia que, era necesario en cada decisión importante referentes a sus vidas, plantearse la autenticidad de sus motivos y motivaciones, para que no pudieran regir jamás en estas, durante la guía de sus vidas, sus propias e involuntarias frustraciones o sueños anhelados, con el fin de no equivocarse y ayudarles con todas las fuerzas que el amor es capaz de aportar, en la ardua y difícil tarea de ser ellos mismos y ellos sus apoyos incondicionales, sin desviarse nunca de la esencia que guíe sus actos y actitudes maternos-paternales.
Creía que, la mejor manera de ayudar educándolos, era conociendo sus reacciones y emociones propias siempre, ante sus propios deseos para con ellos, indagando en su interior, si el afán de que sus vidas se convirtieran en aquello que pensaba debían ser, no era igual o equivalente a lo que ella hubiéramos querido ser o conseguir, sin valorar las virtudes autónomas que cada uno de ellos poseían por si mismo.
Ser padres, jamás debía suponer ser propietarios y juez de sus hijos; sino por el contrario, convertirse en sus más fieles aliados a la hora de estimular sus valores y ayudarles en sus ansias de ser auténticos, libres y seres independientes, en el respeto mutuo que debe crear el amor.
Dentro de mí con deleite ibas creciendo, navegando en mis entrañas,
colmando mi añoranza, agazapada en mi cuerpo inquieto, llenando mis pupilas de flores de esperanzas, por ver tus hermosos ojos mi querida Irene amada.
Dabas a mi vida impulso, retumbando en mi vientre tus movimientos como una dulce danza, que al son del amor nos iba uniendo, mientras con tranquilidad esperaba que se formara tu cuerpo.
Eras en mi cuerpo parte de mi alma; fibra y sangre de mi vida a ti entregada; eras un átomo de mi esencia, mientras dentro, unidas por un cordón de vida ambas nos aportábamos calma.
Dime niña... ¿Quién puso freno a tu crecimiento? ¿A tu mañana? ¿Quién quebró los cimientos de tu amado cuerpo, que con mi aliento se formaba?
Tan sólo me queda el recuerdo de aquel momento en que tus ojos rompió mí dolida esperanza, cuando saliste al mundo envuelta en silencio con la palidez que cubre el aliento de la Parca.
Y desde ese recuerdo mi niña amada, llega hasta mí tu dulce cara, tu diminuto cuerpo desmadejado, envuelto en ausencia de la vida que marchaba.
Dentro de mí creció tu esencia; dentro de mí enmudeció tu voz en calma; contigo marchó una nueva esperanza, pero aún en un rincón del alma, queda tu rostro que con amor me habla.
¡Algarabía! Risas y sonrisas despiertan al día vestido de inocencia entre cantos infantiles que de alegría llenan la estancia iluminada con voces de chiquillos que la vida en los ojos llevan a pesar de la temprana hora de sus andanzas.
¡Mambrú se fue a la guerra... ¡ Guerra de carcajadas sonoras, cuando la muñeca vestida de azul... pone sobre sus saltos la luz que con sus miradas al alba roban.
Cantaba la Pastora... sobre imaginarios Cochecito de Leren...lanzando sus vocecitas aullidos al Señor Don Gato... que puebla sus mentes con imágenes que sienten.
Gritan, Vamos acontar mentiras... que no pueden dañar a nadie y de verdades vestidas sus vidas ponen a la mañana su dulce traje.
Ponen la esencia al instante, la templanza a la esperanza y cogidos de las ilusiones de las canciones juegan soñando que están en El patio de sus casas.
Y en corros, en armonía, poniendo el sol a la mañana con alegría, con sus fuerzas con algarabía, esperan que lleguen los adultos para aprender con ellos del ser su valía.
Un rictus de amargura en los recuerdos, dibujan sobre tu rostro el ámbar opaco, que cubre tus ojos con oscuras sombras, cuando al ayer robas tu sueño.
Atribuyes el dolor de lo sentido, al nefasto tropel de sentimientos, que poblaron según tú, tus pasos, cuando en batalla contra el desamor, quisiste dejar estos encerrados en el pasado.
No cejas en tu empeño por olvidar. Pero olvidar no aporta paz cuando no hay muerte en el olvido, sólo retroceso en lo vivido, si mientras quieres olvidar vives de los sueños perdidos.
Sutilmente te acoges a éste, engañando con él a los sentidos. No dejes que el pasado rememore aquellos días que entrecortaron tus suspiros.
Avanza mujer y en el camino, entierra entre huellas de presente los fantasmas que rondan hoy tu mente y cógete a las manos de la vida, que abiertas están cuando con sus ojos la luz en el camino encontrar desees.
Puedes tomar de su resplandor las experiencias, semillas que plantó en ella el reloj del tiempo, dejando que florezcan flores sin amargura y crezcan estas alzando sus pétalos hacía la luna.
Su plata cubrirá la noche eterna, cuando en tus brazos el día nuevo, después de descansar ante el desespero, pondrá sobre tu rostro un mensaje nuevo.
¡La vida es noche y día! Tu vida... tristezas y alegrías y enlazando ambas, suspiros que darán a ésta un nuevo sentido.
Aprende niña de lo vivido y en brazos de esa dura experiencia, vive en busca del crecimiento deseado, que en tu camino nacerán de nuevos y certeros pasos.